1. No todo el mundo está de vacaciones en Francia
Es un hecho: cuando estamos de vacaciones, tenemos la impresión de que todo el mundo lo está. Sin embargo, en Francia, hay mucha gente de vacaciones, ya que son tan numerosos como el número de habitantes. Por cada francés en territorio francés, hay un turista. Este es el caso de muy pocos países en el mundo (saludos a España e Italia). Por lo tanto, hay que tener siempre en cuenta que las personas con las que te cruzas están en su vida cotidiana y que pueden estar apuradas o de mal humor. Incluso en los oficios relacionados con los servicios, hay mucha gente que pasa y carece de lo que parece esencial para los franceses: la cortesía. Recuerdo una vez, visitando el palacio de Versalles, que saludé naturalmente al guardián que tenía delante y él me dijo con una sonrisa: «Usted es francés, dice buenos días». Los demás no lo hacían. Y ese «buenos días» me permitió entablar una conversación muy interesante. En resumen, si los viajeros quieren que seamos educados, quizá ellos también deberían serlo. Pero es cierto que las normas de cortesía francesas son exigentes...

2. El «bonjour»: la regla número uno de la cortesía francesa.
Si tuviéramos que elegir una sola razón para explicar la reputación de descortesía de los franceses, sería esta: el saludo.
Un mercado parisino / Foto seleccionada por Monsieur de France: por Gerhard Bögner de Pixabay
En muchas culturas anglosajonas, la interacción es ante todo funcional: se entra en un lugar, se hace una pregunta, se consume. En Francia, el «bonjour» es un ritual de reconocimiento humano obligatorio. Es como abrir la puerta del lugar al que se llega.
No saludar antes de pedir indicaciones o pedir un café se percibe como una agresión. Para un comerciante francés, ignorar el saludo equivale a reducirlo a un simple distribuidor de servicios. Como reacción, se cierra, se vuelve distante o ignora la petición. O peor aún: se comporta como un francés, se pone quisquilloso y solo hace lo que le pides. Solo lo que le pides. Esto puede resultar muy molesto. El turista se marcha convencido de que los franceses son groseros, mientras que, desde el punto de vista francés, es él quien ha infringido la regla básica de la cortesía. En Francia, la cortesía inicia la interacción.
👉 10 reglas de cortesía esenciales en Francia
3. El mito del cliente rey frente al cliente invitado
El famoso «servicio con una sonrisa» es una invención del marketing que nunca ha llegado a arraigar realmente en la cultura francesa. Quizás sea porque los franceses se dedican al comercio, sin duda, pero el marketing les es totalmente ajeno en su vida cotidiana. En Francia, cada uno es como es y, sobre todo, todos somos iguales. Francia inscribió en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1789: «Todos los hombres nacen y permanecen libres e iguales», y creo que esto se aplica también en las tiendas. Se le atiende de igual a igual.
El café de Flore en Saint Germain des Prés. Foto de Alex Segre/Shutterstock.
En Francia, el cliente no es el rey: se le atiende, se le invita, pero no manda en todo. El camarero o el vendedor se ven a sí mismos como profesionales que ejercen una profesión, no como sirvientes encargados de complacer a toda costa. Esta relación pretende ser más equilibrada, casi de igual a igual. Lo que algunos visitantes interpretan como pereza o desinterés es, en realidad, una afirmación de dignidad profesional. El francés no busca seducir, sino hacer bien su trabajo. Lo que prima, en realidad, es lo que se hace por ti, más que la decoración que lo rodea. Lo que importa es que el trabajo esté bien hecho. La sonrisa llega si te aprecian. ¿No es un valor hermoso?
4. La discreción: el silencio como muestra de respeto
El volumen sonoro es otra fuente importante de malentendidos. No es que los franceses no sean aficionados a la fiesta, ni mucho menos, pero en muchos lugares (restaurantes, sitios históricos...) prima la discreción en nombre de una sencilla regla: «mi libertad termina donde empieza la tuya». En resumen, se es discreto para que cada uno pueda vivir su vida tranquilamente sin tener que escuchar cosas que no le incumben. No se quiere imponer a los demás.
Contrariamente a lo que parece, es habitual hacer cola y esperar tu turno./ Foto seleccionada por monsieurdefrance.com: Artur Verkhovetskiya través de depositphotos
En algunas culturas, hablar en voz alta y expresar entusiasmo en público es señal de cordialidad. En Francia, el silencio es una forma de cortesía, a veces incluso de respeto. Hablar en voz alta en un restaurante, un tren o un autobús se percibe como una intrusión en el espacio mental de los demás. La mirada severa dirigida a un grupo ruidoso no es una muestra de maldad, sino una reacción a lo que se vive como una afrenta a la tranquilidad colectiva.
👉 No imponerse es una virtud social francesa, que a menudo se confunde con frialdad.
5. La sonrisa «sinceridad» frente a la sonrisa «comercial»
Otro choque cultural frecuente: la sonrisa. En la cultura anglosajona, la sonrisa es un código social permanente, pero ¿siempre es sincera? En Francia, se practica lo que algunos sociólogos denominan la «sonrisa cómplice», es decir, una sonrisa que tiene un motivo sincero. Una sonrisa constante, sin motivo aparente, puede percibirse como artificial, incluso hipócrita. Se confía poco en las personas que sonríen todo el tiempo. Un rostro neutro en el espacio público no expresa ira ni desprecio: simplemente traduce una forma de honestidad relacional.
Siempre se dice «buenos días» o «buenos días, señoras y señores» al entrar en un pequeño comercio. Foto elegida por Monsieur de France: Ikonoklast a través de depositphotos
👉 El francés no sonríe porque te está vendiendo algo,
👉 sonríe cuando la conversación se vuelve realmente agradable.
6. Decir «no»: por qué la confrontación es normal en Francia
Sin duda, este es el aspecto que más desconcierta a los visitantes y es cierto que es muy francés. No siempre significa rechazo. ¡Es extraño, lo admito! Para muchos, un rechazo es una negativa rotunda. Para un francés, el «no» es a menudo el comienzo de la discusión. Atención, me refiero a la conversación, en todos los demás ámbitos, en particular el consentimiento para una relación, por ejemplo, un no es un no, evidentemente.
Hay que decir que la cultura francesa valora el debate, el espíritu crítico y la confrontación de ideas. Decir «no», plantear una objeción o discutir una petición es demostrar que se está reflexionando. Una argumentación considerada «dura» es a menudo, paradójicamente, una señal de consideración: se quiere discutir con usted. A veces se adopta una postura contraria por el simple placer de debatir. No tengas miedo de confrontar ideas, a los franceses les encanta.
👉 Si un francés debate contigo, es porque te toma en serio.
7. La mesa: donde todo se decide
Almorzar en verano en una terraza o en un jardín es un placer infinitamente francés / Foto seleccionada por monsieurdefrance.com: depositphotos
La gastronomía es un elemento fundamental de la cultura francesa, pero también es un terreno minado para los malentendidos. Especialmente en los restaurantes:
- El ritmo: si el camarero no le trae la cuenta, no es que se haya olvidado. En Francia, presionar a un cliente se considera de mala educación. La mesa es un espacio de libertad.
- El pan y el vino: existen ciertas normas (dar las gracias cuando te sirven el plato, no colocar el pan boca abajo). Una corrección no es una humillación, sino un apego al ritual.
- en los grandes restaurantes, Hay códigos específicos que estaré encantado de explicarle en un artículo dedicado a este tema.
En Francia también pueden sorprender algunos códigos que se consideran de cortesía, por ejemplo:
- No te sirves tú mismo si no te lo ofrecen cuando estás invitado en casa de alguien
- No se habla de dinero en la mesa y lo menos posible en otros lugares (no me preguntes por qué es así).
- No se habla mucho sobre la educación de los niños.
¿Vas a cenar a casa de unos franceses? Así es como funciona.
Conclusión: la descortesía francesa es una leyenda.
Si los franceses tienen fama de groseros, es a menudo porque se les imagina viviendo en un museo, cuando en realidad viven su vida cotidiana en el lugar donde otros descubren y pasan sus vacaciones. Y quizá también porque protegen ferozmente su calidad de vida y sus rituales sociales. Una vez comprendidos los códigos —el saludo, la discreción, el respeto por el ritmo—, se descubre a un pueblo profundamente cálido y generoso.
👉 Francia no es un país de servicios.
👉 Es un país de encuentros.
Y, como cualquier encuentro auténtico, requiere un pequeño esfuerzo de adaptación... por ambas partes.
Un artículo de Jérôme Prod’homme para Monsieur de France, escrito con pasión y entusiasmo por contar historias sobre Francia, su cultura, su gastronomía y su patrimonio.
Monsieur de France es un sitio web de referencia dedicado a la cultura, el turismo, la gastronomía y el patrimonio francés.
Preguntas frecuentes sobre la descortesía de los franceses
¿Por qué se considera que los franceses son groseros?
Los franceses parecen groseros debido a sus diferentes códigos sociales, en particular la importancia del «bonjour», una comunicación más directa y una gran discreción en los espacios públicos. Esta diferencia cultural se interpreta a menudo erróneamente como arrogancia, cuando en realidad se trata sobre todo de normas de cortesía implícitas propias de Francia.
¿Son los franceses realmente groseros con los turistas?
No, los franceses no son groseros con los turistas, pero esperan que se respeten ciertas costumbres, como saludar antes de hablar o ser discreto. Cuando un visitante ignora estas normas, la reacción puede parecer fría, aunque desde el punto de vista francés se considera normal y educada.
¿Por qué los camareros franceses no sonríen siempre?
Los camareros franceses no sonríen sistemáticamente, ya que la sonrisa no es un automatismo social en Francia. Se reserva para las interacciones sinceras. El servicio se centra en la competencia y el respeto mutuo, no en la seducción comercial, lo que puede ser malinterpretado por los visitantes acostumbrados al «servicio con una sonrisa».
¿Por qué hay que saludar en Francia?
Saludar en Francia es una norma básica de cortesía que demuestra el reconocimiento del otro. No saludar antes de hacer una pregunta o pedir algo se considera una falta de respeto. El saludo suele condicionar la calidad del intercambio y la acogida recibida.
¿Cómo evitar parecer descortés en Francia?
Para evitar parecer descortés en Francia, hay que empezar siempre diciendo «bonjour», hablar en voz moderada, ser paciente y no tomarse las reacciones como algo personal. Comprender estas sencillas normas sociales permite establecer relaciones mucho más cordiales.





